El problema era muy de todos los días

Un servidor en una terminal, tests en otra, logs en una tercera y un agente de IA pensando en voz alta en la cuarta. A los cinco minutos ya no sabíamos cuál ventana contenía el proceso importante y cuál tenía un `npm install` fósil.

La idea inicial fue poner todo en una cuadrícula flexible: un solo espacio, varios paneles y controles lo bastante pequeños como para no robarle protagonismo a lo importante: la salida de la terminal.

La primera decisión importante

No queríamos una terminal nueva. Queríamos un buen anfitrión para las terminales que ya usamos. Bash, PowerShell, WSL, Git Bash y compañía debían sentirse en casa, no en una visita guiada.

Así apareció el primer prototipo con React, Electron, xterm.js y node-pty. Funcionó. También enseñó que “funciona en mi máquina” sigue siendo una frase con gran sentido del humor.

Lo que quedó de esa primera noche

La cuadrícula, los perfiles y la obsesión por reducir clics siguen siendo el corazón del proyecto. Cambió el nombre, cambió la estética y cambió buena parte de la arquitectura. La necesidad, en cambio, sigue intacta.